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	<title>Diario YOYA &#187; Desde el Barrio Rojo</title>
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		<title>Desde el Barrio Rojo: Jürgen Sparwasser</title>
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		<pubDate>Fri, 02 Jul 2010 09:55:22 +0000</pubDate>
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				<category><![CDATA[Desde el Barrio Rojo]]></category>

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		<description><![CDATA[“Si en mi lápida escriben sólo ‘Hamburgo 74’, la gente sabrá quién yace allí debajo”.
Jürgen Sparwasser tenía apenas quince meses de edad cuando en octubre de 1949 se fundó la República Democrática de Alemania, bajo tutela rusa y como reverso de la República Federal dibujada por los aliados occidentales. Así quedaba sellada la dolorosa separación del territorio [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em>“Si en mi lápida escriben sólo ‘Hamburgo 74’, la gente sabrá quién yace allí debajo”.</em></p>
<p>Jürgen Sparwasser tenía apenas quince meses de edad cuando en octubre de 1949 se fundó la República Democrática de Alemania, bajo tutela rusa y como reverso de la República Federal dibujada por los aliados occidentales. Así quedaba sellada la dolorosa separación del territorio alemán tras su derrota en la Segunda Guerra Mundial, una división que se agudizó en 1961, en plena Guerra Fría, con la construcción del muro de Berlín: 45 kilómetros de vergüenza que atravesaban la ciudad como una fea y profunda cicatriz.</p>
<p>En sus cuatro décadas de convivencia las selecciones de fútbol de ambos países solamente se enfrentaron en una ocasión: fue durante el Mundial de 1974 celebrado, por algún capricho travieso del destino, en la República Federal de Alemania. Ambas escuadras quedaron emparejadas en el grupo 1 junto a Chile y Australia. Las dos selecciones alemanas se enfrentaron en la tercera jornada del grupo ya matemáticamente clasificadas para la segunda ronda pero disputándose el liderato del grupo: a la RFA le bastaba el empate mientras que la RDA necesitaba la victoria.</p>
<p>Sparwasser era un elegante centrocampista bien dotado técnicamente que desarrolló toda su carrera futbolística en el FC Magdeburgo, donde logró una Recopa en 1974 derrotando en la final al todopoderoso AC Milan (fue el único título europeo conquistado por un equipo germano-oriental). Con la selección nacional Sparwasser había obtenido una medalla de bronce en los Juegos Olímpicos de 1972 disputados en Munich y una clasificación histórica para que la RDA disputase por primera y última vez un certamen mundialista.</p>
<p>El 22 de junio de 1974 sesenta mil espectadores presenciaron en el Volksparkstadion de Hamburgo el partido entre la RFA y la RDA. No se trataba únicamente de un duelo por el liderato del grupo, sino también de un pulso simbólico pero tenso y receloso entre comunismo y capitalismo, occidente y Telón de Acero. El partido fue trabado, espeso, sin grandes ocasiones de gol más allá de un remate al poste de Gerd &#8216;Torpedo&#8217; Müller en el minuto 39. El encuentro parecía destinado a terminar con empate a cero hasta que en el minuto 77 Sparwasser se internó en el área y, tras superar a Beckenbauer y Vogts, fusiló a Maier con un fuerte disparo que significó el único gol del partido y una victoria histórica para la RDA, que se clasificaba por delante de su hermana federal.</p>
<p>Aquella gesta le ocasionó más problemas que ventajas a Sparwasser: su nombre y su gol fueron exprimidos como herramientas propagandísticas por el régimen socialista. &#8220;Una parte de los habitantes de la RDA no estaba de acuerdo con el sistema político del país. Todos esperaban y creían que perderíamos el partido, que nos meterían cinco o seis goles. Esas personas reaccionaron negativamente no sólo contra mí, sino también contra mis compañeros&#8221;. Sparwasser, ingeniero mecánico de profesión y estudiante de Pedagogía, se había convertido en héroe nacional pero sin respaldo popular: surgieron rumores de que las autoridades le obsequiaron con un coche y una casa por aquel gol, especulaciones que el futbolista siempre negó pero que provocaron envidias, antipatías y resquemores hacia su persona.</p>
<p>Sparwasser rechazaría más adelante una suculenta oferta para fichar por el Bayern de Munich, alegando que era hijo de una familia trabajadora y que no le atraían ni el lujo ni el dinero occidental. En 1981 colgó las botas a causa de problemas físicos en la cadera y, una vez retirado, declinó la propuesta para ser entrenador del Magdeburgo por considerar que se trataba de un cargo más político que deportivo; como represalia a esta negativa su doctorado en Pedagogía fue vetado indefinidamente. En 1988 Sparwasser viajó a la RFA para disputar un partido amistoso de futbolistas veteranos y ya no regresó nunca más a la zona este: &#8220;Estaba harto de la politización y las mentiras de mi país&#8221;.</p>
<p>Cuando la década de los 90 se desperezaba aquel hermético y grisáceo país llamado República Democrática de Alemania desapareció definitivamente de los globos terráqueos con la caída del muro de Berlín y la reunificación nacional, pero en la memoria de los Mundiales ha quedado grabado para siempre el mítico gol que convirtió a Jürgen Sparwasser en un antihéroe, en un partido irrepetible donde Alemania se enfrentó a Alemania. Curiosas paradojas de la geopolítica.</p>
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		<title>Desde el Barrio Rojo: Eddy Hamel</title>
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		<pubDate>Thu, 06 May 2010 23:08:00 +0000</pubDate>
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				<category><![CDATA[Desde el Barrio Rojo]]></category>

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		<description><![CDATA[Cada 5 de mayo se conmemora en Holanda el Día de la Liberación, fecha en la que el país se liberó del yugo de la ocupación nazi durante la Segunda Guerra Mundial. Y un día antes, cada 4 de mayo a las ocho de la tarde, toda la nación guarda respetuosamente dos minutos de silencio en sentido [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Cada 5 de mayo se conmemora en Holanda el Día de la Liberación, fecha en la que el país se liberó del yugo de la ocupación nazi durante la Segunda Guerra Mundial. Y un día antes, cada 4 de mayo a las ocho de la tarde, toda la nación guarda respetuosamente dos minutos de silencio en sentido homenaje a los héroes de la Resistencia y a todas las personas muertas durante aquel conficto bélico, muchas de ellas deportadas y asesinadas en campos de exterminio. Son dos minutos de un silencio profundo, doloroso, estremecedor, que paraliza literalmente el país: los metros y los tranvías interrumpen sus trayectos, los cines encienden las luces y detienen la proyección de las películas, las banderas ondean a media asta en todos los edificios&#8230; Los pueblos que pierden su memoria están condenados a repetir sus tragedias. Y este pequeño país a orillas del inclemente y hostil Mar del Norte no está por la labor de olvidar.</p>
<p>Edward Hamel fue un ciudadano estadounidense de origen judío que nació en Nueva York en 1902 y que emigró a Holanda siendo todavía un adolescente, estableciéndose en Amsterdam, donde quedó seducido por un emergente deporte llamado fútbol. Entre los años 1922 y 1930 Hamel defendió la camiseta del Ajax durante 125 partidos, ocupando la demarcación de extremo derecho. Tras retirarse como futbolista en activo fue entrenador de un equipo judío de la ciudad llamado HEDW y siguó jugando con los veteranos del Ajax. En aquella época Amsterdam albergaba a 140,000 personas de origen judío, descendientes en gran parte de la comunidad sefardí que se estableció en Holanda a partir del siglo XVI huyendo de la amenaza de la Inquisición española.</p>
<p>El destino de Eddy Hamel empezó a teñirse de fatalidad el 10 de mayo de 1940, cuando las tropas hitlerianas invadieron Holanda. No se conocen noticias de cómo fue su vida cotidiana en aquella Amsterdam capitulante y ocupada por el ejército nazi hasta el día que fue arrestado por la policía alemana por no llevar consigo ninguna identificación. Hamel tenía la nacionalidad estadounidense y, si hubiese podido entregar su pasaporte norteamericano a las autoridades nazis, hubiera sido intercambiado por prisioneros de guerra alemanes, pero ya era demasiado tarde: el 18 de enero de 1943 Hamel y otros 700 inocentes fueron metidos en vagones de carga y transportados hasta el campo de concentración de<strong> </strong>Auschwitz-Birkenau.</p>
<p>Tras unos meses de penosa supervivencia en aquel infierno tan horrible como real, Hamel formó parte de un proceso de selección supervisado por miembros de las SS. Los prisioneros eran desnudados y sometidos a una exhaustiva revisión médica: si, finalmente, el prisionero era considerado apto para los campos de trabajo se le indicaba que se situase en la fila de la derecha. Desgraciadamente a Hamel, que sufría un doloroso absceso en la boca, le señalaron la fila de la izquierda. El 30 de abril de 1943, con apenas cuarenta años de edad, Eddy Hamel perdía la vida y el alma en una cámara de gas y un crematorio del mayor campo de extermino engendrado jamás  por la monstruosa locura nazi.</p>
<p>En las graderías del coqueto estadio Amsterdam ArenA se pueden ver hoy en día, en cualquier partido, muchas banderas con la estrella de David mezclándose con los propios emblemas del Ajax. Son símbolos que forman parte de la memoria colectiva, como los dos minutos de silencio cada 4 de mayo, como el castaño que podía ver Ana Frank desde el desván de su refugio y que, aunque enfermo, todavía hoy sigue en pie. Una memoria forjada en hierro que se resiste a olvidar el trágico destino de personas dignas como Eddy Hamel, cuya historia merece ser contada.</p>
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		<title>Desde el Barrio Rojo: Robert Rensenbrink</title>
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		<pubDate>Fri, 23 Apr 2010 00:19:53 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Buenos Aires, 25 de junio de 1978. Estadio Monumental de River Plate. Final de la Copa del Mundo entre Argentina y Holanda. El reloj marca el minuto 90 de partido y el resultado es de empate a uno. El exquisito líbero holandés Ruud Krol cuelga un balón en el área albiceleste, hay una falta de entendimiento entre el portero Fillol y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Buenos Aires, 25 de junio de 1978. Estadio Monumental de River Plate. Final de la Copa del Mundo entre Argentina y Holanda. El reloj marca el minuto 90 de partido y el resultado es de empate a uno. El exquisito líbero holandés Ruud Krol cuelga un balón en el área albiceleste, hay una falta de entendimiento entre el portero Fillol y sus defensas y la pelota le queda franca a Robert Rensenbrink quien, un poco escorado, chuta con su pierna izquierda pero el balón se estrella en el poste. Pocos segundos después el árbitro señala el final del tiempo reglamentario. Luego, en la prórroga, Argentina marcaría dos goles más (Kempes y Bertoni) para proclamarse campeona del mundo ante el desatado delirio local.</p>
<p>Si Rensenbrink hubiese transformado aquella ocasión en gol, Holanda se hubiese proclamado campeona del mundo y él se hubiese convertido en el máximo goleador del torneo. Pero aquel balón impactó en la madera y el tiempo suplementario le concedió la gloria a la selección argentina entrenada por César Luis Menotti y el título de máximo realizador a Mario Alberto Kempes. Aunque lo peor de todo fue que la Junta Militar comandada por Videla y Massera se apoderó de la victoria para encender la más abyecta de las maquinarias propagandísticas. Mientras que en las entrañas del Monumental se celebraba con jolgorio la conquista del título mundial, a pocas manzanas del estadio funcionaba a pleno rendimiento un siniestro centro clandestino de detención: la ESMA. Los presos allí torturados se enteraron de la victoria porque uno de sus represores irrumpió en las instalaciones al grito de &#8220;¡Ganamos, ganamos!&#8221;. El capitán Passarella alzaba la copa dorada hacia el mismo cielo donde compatriotas suyos eran arrojados desde aviones en marcha hasta ser engullidos, para siempre, por el fondo del mar.</p>
<p>Holanda no afrontó con grandes expectativas el Mundial de 1978, especialmente por las renuncias de Wim van Hanegem y Johan Cruijff. Pero, tras una primera fase irregular (victoria ante Irán, empate ante Perú y derrota ante Escocia), logró entonarse en la segunda ronda (triunfos ante Austria e Italia y empate ante Alemania) y obtuvo un billete para la gran final, en buena medida gracias a los cinco goles anotados por Rensenbrink (uno de ellos, marcado de penalty, significó el gol 1,000 en la historia de los Mundiales). Extremo zurdo de movimientos elegantes, excelente driblador, con olfato goleador&#8230; &#8221;Rensenbrink era tan bueno como Cruijff&#8221;, sostenía Raymond Goethals, entrenador belga que dirigió a Rensenbrink en el Anderlecht. Su carácter introvertido, ser coetáneo del Profeta del Gol y aquel dichoso poste fueron factores que impidieron al fino delantero holandés alcanzar un reconocimiento mayor.</p>
<p>Echando la vista atrás Rensenbrink tiende a relativizar aquel agónico remate: &#8220;No fue una ocasión clara. Apenas dispuse de espacio, no pude controlar el balón, había un defensa delante mío y no tuve más remedio que chutar de primera&#8230; Si hubiera sido una gran oportunidad todavía hoy sufriría por ello, pero era imposible marcar&#8221;.  Tal vez fue mejor así: el día de la final la selección holandesa sufrió un calvario para desplazarse del hotel de concentración en las afueras de Buenos Aires al estadio, con hordas de seguidores argentinos zarandeando el autocar y golpeando las ventanillas. El árbitro de la final debía ser el israelí Klein pero, por presiones argentinas, la FIFA designó a última hora al italiano Gonella, cuya actuación favoreció a los anfitriones (casi no permitió jugar a René van der Kerkhof por una protección en el brazo con la que había disputado sin problemas los cinco partidos anteriores). Las dos selecciones tampoco salieron juntas del túnel de vestuarios como estaba previsto: Argentina retrasó su aparición deliberadamente y Holanda tuvo que saltar sola y en primer lugar al césped inundado de papelitos blancos. Bajo un ambiente electrificado, Rensenbrink y sus compañeros esperaron a su oponente durante cinco minutos eternos, rodeados de policía militar y del ruido ensordecedor y hostil de los graderíos.</p>
<p>Tras el partido los jugadores holandeses, a la hora de recibir el trofeo de subcampeones, se negaron a saludar a la cúpula militar argentina, a modo de minúscula y casi imperceptible nota discordante en aquel festejo triunfal organizado por la Junta Militar con el beneplácito de Henry Kissinger, invitado especial en el palco de autoridades en agradecimiento por su apoyo durante el trágico golpe de Estado de 1976 que sumió a Argentina en el horror de una dictadura infame. No hubo justicia poética para la Holanda de Rensenbrink, que perdió su segundo Mundial consecutivo, siempre a manos de la selección anfitriona. Así se escribe la Historia, a veces con una tinta tan negra como el más riguroso luto.</p>
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		<title>Desde el Barrio Rojo: Barry Hulshoff</title>
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		<pubDate>Fri, 09 Apr 2010 00:01:19 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[El mundo cambiaba a una velocidad vertiginosa en la década de los 70 y Amsterdam no fue ajena a las transformaciones sociales. Ya no era la ciudad aburrida, gris y monótona que conoció Albert Camus en los años 50. El escritor francés dedicó agrios párrafos a la urbe holandesa en su novela &#8220;La caída&#8221;, publicada [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El mundo cambiaba a una velocidad vertiginosa en la década de los 70 y Amsterdam no fue ajena a las transformaciones sociales. Ya no era la ciudad aburrida, gris y monótona que conoció Albert Camus en los años 50. El escritor francés dedicó agrios párrafos a la urbe holandesa en su novela &#8220;La caída&#8221;, publicada en 1955: &#8220;Hace siglos que los fumadores de pipa contemplan cómo cae la misma lluvia en los mismos canales. Canales concéntricos que parecen los círculos del infierno, con el aliento de las aguas estancadas, el olor de las hojas muertas y el fúnebre aroma que sube de las barcas cargadas de flores&#8221;. Tres lustros más tarde, en cambio, el aroma de las flores era fresco y se mezclaba con el humo de la marihuana en Vondelpark, el parque más popular de la ciudad, luminoso y colorista, tomado por los hippies y situado a poca distancia del hotel Hilton, donde John Lennon y Yoko Ono protagonizaron desde la cama de la habitación 702 la famosa protesta &#8220;bed-in for peace&#8221;.</p>
<p>Barry Hulshoff era un signo de aquellos tiempos, con su poblada barba, sus largas melenas y su afición por el rock duro. El central holandés fue un jugador importante en aquel Ajax joven, rebelde e insolente que al grito de &#8220;queremos el mundo y lo queremos ahora&#8221; conquistó tres Copas de Europa y el corazón de muchos aficionados al fútbol en todos los rincones del planeta, como refleja esta deliciosa anécdota contada por el propio Hulshoff: &#8220;una vez me encontraba en Grecia, en una remota aldea de montaña. De pronto un hombre mayor se plantó frente a mí, tomó mis manos y se puso a llorar durante cuatro o cinco minutos. La situación era un poco embarazosa, yo no sabía qué estaba pasando hasta que mi traductor me lo explicó: como en aquella aldea no había televisión aquel hombre tenía que caminar durante dos horas para llegar a un pueblo vecino y poder ver los partidos del Ajax. Y ahora aquel hombre, que amaba el fútbol del Ajax, se había emocionado porque no podía creer que tenía delante suyo a uno de aquellos jugadores que solía ver por televisión&#8221;.</p>
<p>Hulshoff era asimismo el central titular de la selección holandesa pero no pudo disputar el Mundial de Alemania de 1974 por culpa de una lesión; una baja crucial para el sistema defensivo de la Naranja Mecánica, cuyo revolucionario fútbol total no se vio recompensado con los laureles de la victoria. A veces sucede que las utopías más hermosas se desvanecen de la manera más grosera, ya sea con dos goles en el Estadio Olímpico de Munich o, salvando las distancias, con cinco disparos en el edificio Dakota de Nueva York.  La niebla sobre los canales se disipa y se perfila la silueta de Albert Camus; el premio Nobel de Literatura era un gran aficionado al fútbol y dejó para la posteridad una frase ya legendaria: &#8220;Tras muchos años en los que el mundo me ha brindado innumerables espectáculos, lo que finalmente sé con mayor certeza respecto a la moral y a las obligaciones de los hombres se lo debo al fútbol&#8221;. Fue una lástima que Camus falleciese en 1960 en un accidente de coche; si hubiese tenido la oportunidad, como aquel anónimo hombre griego, de ver jugar al sublime Ajax de Hulshoff y Cruijff, tal vez habría cambiado su opinión sobre la vieja y entrañable Amsterdam.</p>
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		<title>Desde el Barrio Rojo: Jan van Beveren</title>
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		<pubDate>Fri, 12 Mar 2010 06:38:06 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[&#8220;No nos hemos clasificado porque algunos jugadores han olvidado la importancia del torneo, se han dedicado a hablar únicamente de dinero y han carecido del compromiso adecuado. Ha sido una gran decepción&#8221;. Jan van Beveren, portero titular de la selección holandesa y del PSV Eindhoven, pronunció estas ásperas palabras cuando Holanda se quedó fuera del Mundial [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>&#8220;No nos hemos clasificado porque algunos jugadores han olvidado la importancia del torneo, se han dedicado a hablar únicamente de dinero y han carecido del compromiso adecuado. Ha sido una gran decepción&#8221;. Jan van Beveren, portero titular de la selección holandesa y del PSV Eindhoven, pronunció estas ásperas palabras cuando Holanda se quedó fuera del Mundial de México de 1970 en beneficio de Bulgaria. No había dudas sobre la identidad de &#8220;algunos jugadores&#8221;: el clan del Ajax abanderado por Johan Cruyff. Así empezó a fraguarse la enemistad entre el mejor guardameta holandés de la época y el mítico dorsal 14 de la Naranja Mecánica.</p>
<p>Van Beveren fue titular indiscutible durante <a href="http://www.diarioyoya.com/2010/02/26/desde-el-barrio-rojo-frantisek-fadrhonc">la fase clasificatoria para el Mundial de 1974</a>, hasta que una lesión en la ingle le apartó temporalmente de los terrenos de juego. Cruyff aprovechó esta circunstancia para imponer la presencia en la selección de Jan Jongbloed, un mediocre y veterano portero que había sido internacional una sola vez y once años atrás. Van Beveren nunca dejó de mostrarse crítico con las estrellas <em>ajacied</em>: les reprochaba el trato de privilegio que recibían en el vestuario, que llegasen tarde a los entrenamientos o que antepusieran sus finanzas y negocios personales a los intereses del equipo nacional.</p>
<p>Poco tiempo antes de la cita mundialista van Beveren había conseguido recuperarse de sus molestias físicas y el seleccionador Rinus Michels le convocó para disputar un partido amistoso de preparación donde poder evaluar su estado de forma. El portero solicitó jugar únicamente media parte ya que todavía acusaba la reciente inactividad pero Michels, alineado con el núcleo duro del Ajax, le replicó que o jugaba los noventa minutos o podía irse a su casa. Van Beveren mantuvo su posición con firmeza pero perdió el pulso, quedándose fuera de la convocatoria para el Mundial de 1974. Neeskens y Cruyff no se mordieron la lengua y, saldando cuentas pendientes, censuraron públicamente la actitud insolidaria del guardameta.</p>
<p>Jan van Beveren está considerado el mejor portero de la historia del fútbol holandés, por delante de Hans van Breukelen y Edwin van der Sar. Su ausencia tal vez fue crucial para que Holanda, cuyo talón de Aquiles radicaba en la portería, débilmente defendida por el excéntrico Jongbloed, no ganase el Mundial de 1974.  Es tentador reescribir la historia y visualizar, en un ejercicio de fútbol ficción, a van Beveren atajando sin dificultad el disparo a la media vuelta de Gerd Müller que, en el mundo real, significó el gol de la victoria alemana en la gran final. La única certeza es que su desencuentro con Johan Cruyff forma parte del lado oscuro de la brillante Naranja Mecánica.</p>
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		<title>Desde el Barrio Rojo: František Fadrhonc</title>
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		<pubDate>Fri, 26 Feb 2010 00:27:02 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[La inmensa mayoría de aficionados al fútbol saben que la selección holandesa que participó en el Mundial de Alemania de 1974 se proclamó subcampeona, desplegando un deslumbrante y  revolucionario fútbol total. Pero lo que muchos aficionados desconocen es que aquella Naranja Mecánica estuvo muy cerca de no clasificarse para disputar el torneo mundialista en tierras germanas.
El sorteo de la fase de clasificación agrupó a [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La inmensa mayoría de aficionados al fútbol saben que la selección holandesa que participó en el Mundial de Alemania de 1974 se proclamó subcampeona, desplegando un deslumbrante y  revolucionario fútbol total. Pero lo que muchos aficionados desconocen es que aquella Naranja Mecánica estuvo muy cerca de no clasificarse para disputar el torneo mundialista en tierras germanas.</p>
<p>El sorteo de la fase de clasificación agrupó a Holanda junto con Bélgica, Islandia y Noruega. Las dos escuadras nórdicas eran bastante débiles, así que para el combinado holandés (cuya base era un rutilante Ajax de indiscutible hegemonía continental) los auténticos rivales a batir eran sus vecinos belgas, una buena selección que había logrado un meritorio tercer puesto en la Eurocopa de 1972.</p>
<p>Curiosamente, el seleccionador holandés era checoslovaco aunque nacido en tierras del imperio austrohúngaro. Se llamaba František Fadrhonc y al finalizar la II Guerra Mundial había emigrado a Holanda, donde desarrolló una dilatada carrera de entrenador culminada con su nombramiento como seleccionador nacional (en la foto que acompaña a este post se le puede ver flanqueado por van Hanegem y Cruyff).</p>
<p>Las previsiones se cumplieron y el último partido de la ronda clasificatoria, disputado el 18 de noviembre de 1973, iba a ser un decisivo cara o cruz: Holanda y Bélgica se enfrentaban en Amsterdam y, aunque ambas selecciones estaban igualadas a puntos, la diferencia de goles era favorable a los neerlandeses. En el minuto 89 el marcador reflejaba un empate a cero, resultado que daba el pase mundialista a Holanda. Pero cuando faltaba solamente un minuto para el final del tiempo reglamentario, el centrocampista del Anderlecht Jan Verheyen marcó un gol que clasificaba a Bélgica y enmudecía el viejo Estadio Olímpico.</p>
<p>Por unas décimas de segundo Holanda se asomó al borde del abismo, hasta que se escuchó el pitido salvador del árbitro soviético Pavel Kazakov anulando el gol por un inexistente fuera de juego (las filmaciones del partido demuestran que el jugador belga remató el balón en posición correcta). El encuentro terminó con el empate a cero inicial y, bajo la tutela de Fadrhonc, Holanda se clasificó para un Mundial por primera vez desde 1938.</p>
<p>Si el árbitro hubiese concedido aquel gol belga, agónico y legal, Holanda nunca hubiera sido la Naranja Mecánica  y Johan Cruyff  jamás hubiese participado en una Copa del Mundo. Así de frágil es la delgada frontera que separa la gloria del fracaso. Terminada la fase preliminar la Federación Holandesa decidió contratar a Rinus Michels como máximo responsable técnico de la selección para la fase final del Mundial, relegando a Fadrhonc a un secundario papel de entrenador asistente.</p>
<p>František Fadrhonc, ya sexagenario, continuó su carrera como técnico en Grecia y Chipre, donde falleció en 1981. La quebradiza memoria del fútbol ha olvidado su nombre pero este trotamundos de los banquillos merece un reconocimiento por haber colaborado en la gestación de un equipo legendario y eterno que, paradójicamente, estuvo a punto de no existir jamás.</p>
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		<title>Desde el Barrio Rojo: Wim van Hanegem</title>
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		<pubDate>Thu, 11 Feb 2010 23:03:39 +0000</pubDate>
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				<category><![CDATA[Desde el Barrio Rojo]]></category>

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		<description><![CDATA[Algunos analistas que siguieron el Mundial de Alemania de 1974 sostienen que el mejor futbolista de la Naranja Mecánica durante aquel torneo no fue Johan Cruyff sino Willem van Hanegem, un notable centrocampista que militaba en el Feyenoord de Rotterdam. Y su brillante actuación tuvo mucho mérito teniendo en cuenta su historia personal.
Fue en otro [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Algunos analistas que siguieron el Mundial de Alemania de 1974 sostienen que el mejor futbolista de la Naranja Mecánica durante aquel torneo no fue Johan Cruyff sino Willem van Hanegem, un notable centrocampista que militaba en el Feyenoord de Rotterdam. Y su brillante actuación tuvo mucho mérito teniendo en cuenta su historia personal.</p>
<p>Fue en otro fatídico 11 de septiembre, en este caso de 1944, cuando van Hanegem, que entonces apenas contaba con siete meses de edad, perdió a su padre, a dos hermanos y a su hermana a causa de los bombardeos del ejército nazi sobre Breskens, un pequeño pueblo de pescadores, en plena II Guerra Mundial.</p>
<p>Treinta años más tarde, en el verano de 1974, un capricho cruel del destino propició que aquella selección holandesa dirigida por Rinus Michels deslumbrase con su fútbol total precisamente en los estadios del vecino invasor que tres décadas atrás había causado tanto dolor y devastación. Van Hanegem, que desde que tuvo uso de razón sentía un profundo desprecio por los alemanes, no disimuló durante todo el torneo su malestar por jugar en tierras germanas: “No me gustan los alemanes. Cada vez que juego contra ellos tengo un problema porque me acuerdo de la guerra, donde asesinaron al ochenta por ciento de mi familia”.</p>
<p>La gran final se celebró el 7 de julio de 1974. Alemania y Holanda se disputaron el título mundial en el estadio olímpico de Munich ante ochenta mil espectadores. Tiempo de revancha. En la primera jugada del partido Holanda completa 16 pases hasta que Vogts comete un penalty sobre Johan Cruyff que transforma Neeskens. Alemania todavía no había tocado el balón pero, bajo la batuta de Franz Beckenbauer, los germanos le dan la vuelta al marcador en el primer tiempo con goles de Breitner y Muller. Cruyff, en el descanso del partido, se acercó al árbitro inglés Jack Taylor para protestarle el dudoso penalty pitado a favor de los anfitriones y le recriminó: “¿Cómo puedes ayudar a los alemanes, después de lo que le hicieron a tu país y al mío durante la guerra?”. Con flema británica, Taylor zanjó la discusión camino del vestuario mostrando una tarjeta amarilla al Profeta del Gol.</p>
<p>El resultado no cambió en la segunda parte y aquella selección holandesa de fútbol luminoso y heridas abiertas cayó derrotada contra pronóstico. La Naranja Mecánica no pudo alzar la Copa del Mundo pero se ganó la inmortalidad. Triste consuelo para van Hanegem, que abandonó el terreno de juego arrasado en lágrimas: “Estoy lleno de rabia. Les odio”. Tampoco acudió a la cena de gala que se organizó posteriormente para clausurar el torneo.</p>
<p>Wim van Hanegem es actualmente comentarista de fútbol internacional en un par de canales de televisión holandeses. Con el paso del tiempo ha suavizado su discurso sobre los alemanes aunque, probablemente, debió esbozar una ligera sonrisa de satisfacción cuando Holanda ganó la Eurocopa de 1988, como no podía ser de otra manera, en tierras germanas.<span id="_marker"> </span></p>
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		<title>Desde el Barrio Rojo: Joop van Daele</title>
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		<pubDate>Fri, 29 Jan 2010 07:15:51 +0000</pubDate>
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				<category><![CDATA[Desde el Barrio Rojo]]></category>

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		<description><![CDATA[Edgar Davids no fue el primer futbolista holandés que jugó partidos oficiales llevando puestas unas gafas. La prueba está en la foto que ilustra este post: el precursor se llama Joop van Daele, un discreto defensa neerlandés de los años 70 cuya carrera profesional transcurrió básicamente entre el Feyenoord y el Fortuna de Sittard.
La gran diferencia radica en que, mientras [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Edgar Davids no fue el primer futbolista holandés que jugó partidos oficiales llevando puestas unas gafas. La prueba está en la foto que ilustra este post: el precursor se llama Joop van Daele, un discreto defensa neerlandés de los años 70 cuya carrera profesional transcurrió básicamente entre el Feyenoord y el Fortuna de Sittard.</p>
<p>La gran diferencia radica en que, mientras las gafas que lucía el pitbull Davids eran ligeras, cuidadosamente diseñadas por Nike, hechas de policarbonato y preparadas para repeler el agua y el sudor, las gafas de van Daele eran un incómodo conglomerado de pasta y grandes lentes, símbolo de una época donde las voluminosas antiparras convivían con patillas pobladas, pantalones de campana y zapatos de plataforma.</p>
<p>El momento de gloria de van Daele llegó el 9 de septiembre de 1970, en el partido de vuelta de la Copa Intercontinental que disputaron Feyenoord y Estudiantes de La Plata en Rotterdam. En el partido de ida jugado en Argentina el resultado fue de empate a dos. Y en el viejo estadio De Kuip, el campeón holandés conquistó el trofeo ganando por uno a cero gracias a un solitario gol del propio van Daele en la segunda parte. Al finalizar el partido, el jugador de Estudiantes Óscar Miguel Malbernat, furioso por la derrota, le arrancó las gafas a van Daele, las lanzó al suelo y las pisoteó. &#8220;Tú no deberías jugar con gafas. En Sudamérica está prohibido&#8221;, fue la excusa que esgrimió el futbolista argentino para justificar su rabiosa acción.</p>
<p>Joop van Daele se dedica actualmente a realizar tareas de scouting para el Feyenoord. Fotos recientes dan fe que el señor van Daele opta ahora por un modelo de gafas mucho más discreto y de moderno diseño. Pero es muy probable que recuerde con cariño aquellos enormes anteojos que portaba cuando un gol suyo hizo campeón del mundo a un modesto club del sur de Rotterdam.</p>
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