Empate fatal
Crónica — By Vedder on March 7, 2010 at 00:46En un partido en que te meten un gol de la nada al minuto 10, te tangan un penalti, te expulsan de manera discutible a tu entrenador, te expulsan de manera más discutible aún a tu delantero centro y te metes un gol en propia puerta, ¿se consideraría un buen resultado un empate a 2? Si tu eres el Barça, no. Podemos buscar las circunstancias y atenuantes que queramos. Digamos, incluso, que el Barça estuvo a un paso de la épica y de tocar la gloria de la victoria. Aun con diez sobre el campo, igualando por segunda vez el marcador, persistió siempre en pos del triunfo, porqué creyó en el y tuvo fe en sus posibilidades. Pero por mucho que buscó y mereció, la suerte fue esquiva. El Barça dejó un partido de sensaciones contradictorias en su juego, en su esfuerzo y en sus merecimientos y un resultado que es un palo para el equipo y para un barcelonismo expectante que confiaba en esta jornada liguera ampliar su ventaja (ay…) con respecto al segundo clasificado de nombre innombrable.
Comenzó el partido con cierto brío y luciendo el nuevo traje táctico que Guardiola ha comprado a su equipo para sorprender a invitados y anfitriones, el 4-2-3-1: aunque viste, aún no parece acomodárselo. Se encontró con un gol rápido en contra a la salida de un córner en que la defensa zonal blaugrana dejó rematar a placer a un jugador almeriense que pasaba por allí. Se desconcertó a partir del gol. No renunció a ganar, pero la imprecisión y la impotencia se adueñó del equipo en fase ofensiva. Digamos también que el maestro Lillo no se lo puso fácil al discípulo Guardiola: con el gol a favor, 9 tíos a defender en propia área y que fuera lo que Dios quisiera (es la grandeza del Barça: convierte en humo las soflamas y pláticas más irrenunciables y en farsantes a personajes idealistas). En esta fase de partido, se vivió un deporte híbrido que mezcló las disciplinas de balonmano y frontón. Puro drama. Sólo algún detalle podía romper lo que era un monólogo con algún que otro fallo de coordinación gestual y de memoria del Barça. No fue el arbitraje pésimo que enfadó a unos y a otros y se llevó por delante a Guardiola; fue una falta a Ibrahimovic que muchos clamarán como villarato (los mismos que obviarán un clamoroso penalti previo al propio sueco) que Messi clavó con sutilidad y genialidad maradoniana al fondo de la red. Como bien se podía temer Lillo, fue lo que Messi quiso. El partido se puso de cara una vez superada la adversidad del gol en contra y no pareció entonces que el Barça pudiera fallar: subiendo una marcha más en intensidad, en concentración, en definición, y a pesar del muro Diego Alves – providencial y salvador como en su día lo pudieron ser Palop o de Gea – la victoria no se podía escapar, por mucho que el equipo, colectivamente, no andara del todo ajustado, seguro y fino en su fútbol sin fisuras y ciertas individualidades repitieran actuaciones como para encender las luces de alarma. Es lo que tiene el Barça: no siempre necesita ser excelente para ganar, aunque conviene que lo sea para conseguirlo.
Pero vuelta de tuerca al guión previsto con un Barça que salió extrañamente contemplativo tras el descanso que le acarreó el consiguiente (inmerecido en lo global, pertinente en lo puntual) castigo: auto gol de Puyol. Vuelta a empezar, vuelta a confiar. La diferencia esta vez fue que Lillo no se arrugó y no echó el equipo atrás. Tampoco el Barça, que siguió porfiando en su intento de remontar el encuentro con idéntica (mala) fortuna inicial y clónica resolución final que en la primera mitad: canallada del árbitro expulsando a Ibrahimovic, acicate y gol salvador del si Dios quiere tras acción meritoria de súper Pedro. Tablas de nuevo y veinte minutos por delante en los que nadie del barcelonismo hubiera firmado el empate. Dio el Barça la sensación que la épica le ponía y que el partido se resolvería así. Messi las tuvo pero el muro Alves fue infranqueable. El Almería dio también algún susto – el maestro, rescabalándose de su inicial rol de farsante, aquí pareció tomar enseñanza de su discípulo en no dar por perdido el partido – pero el Barça se lo creyó más, y más le crecía la fe cuando más desesperada era la situación. Pero también la impotencia. Lamentablemente, esta vez no fue suficiente con la voluntad del equipo, ya que la épica tenía hora reservada en otra plaza. Y el partido acabó en cruz. Cruz quizás no merecida pero sí justa. Si cuando sale cara atribuimos causalidad y justicia al desenlace del partido, en justa correspondencia debemos atribuir lo mismo para explicar el qué y el cómo de este empate incomprensible e inesperado que acentuará las dudas en la trayectoria del equipo de Pep y la fiabilidad de su juego en su versión actual y que convulsionará la estabilidad emocional del barcelonismo más histriónicamente crítico, exigente y pesimista por las consecuencias que conlleva y que no hace falta explicar. Tiene trabajo Guardiola – de líder, de entrenador, de motivador, de psicólogo y de bombero – porqué lo que se avecina es de órdago y puede que ni su inmaculado paraguas protector le cubra de la desproporción.


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17 Comments
Espléndida crónica, Vedder.
Aplastante primera frase, también.
Y acojonante el catalanismo ‘rescabalándose’
merci Rai.
sí, ya me salía en en el texto la palabra marcada como error. Pero es una licencia que me permito…
(y si cuela, cuela)
Aquí el problema no es el empate, un resultado que visto lo que se vió tampoco es tan malo. Aquí el problema es que “los otros” acabaron ganando un partido que iban perdienco dos a cero con lo que han dado un golpe moral similar al que dieron el año pasado contra el Geta gafe.
Y aunque sigo diciendo que no estamos tan mal lo cierto es que hemos perdido una ventaja de cinco puntos que nos permitía abordar el clásico con bastante tranquilidad. De todos modos ya demostramos el año pasado cómo respondíamos a la presión.
Bon día.
Un placer y un reconstituyente leer tu crónica, Vedder.
Lo que me dejó muy preocupado es que con diez, sin Ibra, aparecieran más espacios para nuestros jugones.
No pongo en cuestión a Ibra porque hasta la lesión estuvo fenomenal y quiero creer que por ser un gigante fisicamente, puede costarle más llegar a su punto de buena forma.
Sólo deseo que llegue ya el Ibra de la primera vuelta.
M´ha agradat molt.
Fantástico, Vedder
¿Dónde estás Eto´o?…
Genial crónica Vedder, usted siempre da la talla
No hay nada más desagradecido que escribir una crónica tras una jornada tan gris como la de ayer, y más hacerlo en caliente.
Y si además consigues mantener el pulso sin perder un ápice de calidad, pues ya me quito el sombrero, maestro Vedder.
Buena crónica, Vedder, lástima que pasará desapercibida (como la mayoría de artículos) a causa del Yoya Live y sus eternos bucles Ibra-Eto’o o ja-ja-culerdos-Pufo-Alonso-sucks.
Muy buena crónica, aunque algo sosa. No has insultado a Ibra ni Puyol.
Yo ya lo dije: el drama no es dejarse dos puntos con las circunstancias de ayer, sino en Pamplona o Bilbao.
Gràcies Vedder, però no veig cap menció d’en Touré. Es va estar arrossegant com un paquiderm amb sobrepès fins que el van canviar pel Bussi, encara que una mica massa tard. No va ser amb el Stuttgart que va passar el mateix?
¿Bruno Alves no es el central del Oporto? La primera vez que escribo y es para decir esta tontería…
Pero creo que este tío se llama Diego Alves
gracias por los comentarios.
sí, es jodido hacer crónicas cuando no se gana y es la tónica que llevo desde que las publico aquí (derrota contra el Atlético de Madrid, empate ayer en Almería). Basta ya. ¿Seré yo el gafe? Por barcelonismo, estoy por presentar mi dimisión. Me doy otra oportunidad más. Y si volvemos a palmar, contentaré a -J-sacando la recortada para insultar a diestro y siniestro. Total, después diré adiós y marcharé…
dios, es cierto, Bruno Alves es el central portugués del Porto. Merci Al, ahora mismo lo edito.
Estás finísimo, Vedder.
Desde que terminó el partido, he evitado pensar en él. Hasta ahora, que he leído tu crónica, y me ha ayudado a poner sentido a lo que vi anoche. Lo voy digiriendo.
Y déjate de gafes, el próximo partido que te toque hacer el artículo, arrasamos. Fijo.
Menuda calidade de crónica. Ni a l’sport ni al mundo li rasquen la orella a la de Vedder.
tst, que passaria fàsil-fàsil per una del Besa o del Trueba, amb això queda tot dit.